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Carta para el Día de la Madre: cuatro ejemplos para cada situación

Cientos de farolitos de papel encendidos que forman la palabra Te amo y un corazón sobre un lago

Primero, la fecha, porque aquí se equivoca mucha gente que vive lejos de casa. El Día de la Madre no cae el mismo día en todos los países: en muchos se celebra en mayo, aunque en fechas distintas, y en Argentina, por ejemplo, llega en octubre. Si tu mamá vive en otro país, comprueba cuándo lo celebran allí, no donde estás tú. Una felicitación que llega dos semanas antes se agradece, pero la que llega el día que todas sus amigas están celebrando se agradece mucho más.

Resuelto eso, aquí tienes cuatro cartas para cuatro situaciones distintas. Puedes usarlas como están o quedarte con la idea y cambiar los detalles.

Para la mamá de todos los días

Lo más difícil de escribirle a alguien que ves siempre es encontrar algo que no sepa ya. Esta carta se apoya en un recuerdo de la infancia visto ahora con ojos de adulto.

Mamá:

Cuando yo tenía ocho años pensaba que te encantaba comer la parte quemada del pan. Siempre te la dejabas. Tardé más de veinte años en entender que no te gustaba, que simplemente nos dabas la mejor a nosotros.

Hay muchas cosas así. Los zapatos que no te compraste. Las veces que dijiste "no tengo hambre". Las horas despierta esperando a que yo llegara, y que al escucharme entrar te hacías la dormida para que no me sintiera vigilada.

Ya tengo edad para darme cuenta y para decírtelo: lo vi. Tarde, pero lo vi. Gracias.

Hoy el pan quemado me lo como yo.

Te quiero mucho.

Para adaptarla: cambia el pan por algo que solo tu mamá hacía. Quizá te daba siempre el asiento de la ventana, decía que le gustaba la película que tú elegías o guardaba la propina para tus cuadernos. Un solo ejemplo real vale más que tres inventados.

Para una madre que está lejos

Quien vive lejos escribe a menudo con culpa, y esa culpa se contagia. Procura que tu mamá termine de leer con una sonrisa.

Mamá querida:

Hoy te tocan flores de pantalla y abrazo por videollamada. Prometo mejorar la oferta cuando vaya.

Quiero contarte que me sigues dando órdenes aunque estés lejos. Compro el detergente que comprabas tú, aunque hay otro más barato. Separo la ropa como me enseñaste. El otro día le dije a un compañero "avísame cuando llegues" y me quedé helada: era tu voz.

Sé que a veces cuelgas y te quedas pensando si estoy comiendo bien. Estoy comiendo bien. Casi siempre. Estoy bien porque me enseñaste a arreglármelas, y eso es lo que más te agradezco.

Guárdame la silla de siempre. Ya estoy mirando pasajes.

Un abrazo muy largo, de los que te incomodan.

Para adaptarla: solo escribe "estoy mirando pasajes" si es verdad. Si no sabes cuándo podrás ir, cámbialo por algo que sí puedas cumplir: "los domingos te llamo sin que tengas que llamarme tú".

Para la abuela que fue tu mamá

Muchas personas crecieron con una abuela que hizo de madre. Esta fecha también le corresponde, y puede que nadie se lo haya dicho nunca así de claro.

Abuela:

Ya habías criado a tus hijos. Ya te tocaba descansar, ir a tus cosas y que te llevaran a pasear. Y en cambio me tuviste a mí: otra vez reuniones del colegio, fiebres en la madrugada, tareas que no entendías y que hacías conmigo igual.

Nunca me hiciste sentir que era un trabajo extra. Solo ahora, de grande, hago las cuentas de lo que dejaste de hacer por mí.

Por eso este día es tuyo también. Te lo digo sin que tengas que quitarle nada a nadie: para mí, mamá es la que estaba. Y la que estaba eras tú.

Te voy a leer esta carta en voz alta, para ver si esta vez sí me dejas terminar sin darme de comer.

Para adaptarla: esta carta puede tocar temas delicados de tu familia. Si hay otras personas que la van a leer o escuchar, quita la frase sobre "mamá" y deja el agradecimiento. Sigue siendo igual de fuerte. También puedes usarla para una tía o para quien haya cumplido ese papel.

Para una madre primeriza

Esta puede enviársela su pareja, una hermana o una amiga. Lo que suele ayudar es que alguien le diga que la ve, sin consejos sobre cómo criar a su bebé: de eso ya recibe bastantes.

Clara:

Este es tu primer Día de la Madre y seguramente lo pasarás con la camiseta manchada, durmiendo a ratos y pensando que no estás haciendo las cosas bien.

Yo te veo. Te vi aprender a sostenerla con una mano mientras comías con la otra. Te vi buscarle una canción a las cuatro de la mañana hasta dar con la que la calma. Tú crees que improvisas. Desde fuera, parece que siempre has sabido.

Ella todavía no puede darte las gracias, así que lo hago yo. Hoy no tienes que hacer nada. La cena la traigo yo, y también me encargo de la pila de ropa.

Te quiero. Duerme.

Para adaptarla: cumple lo que prometes. Si escribes que traes la cena, lleva la cena. Con una madre recién estrenada, una hora de ayuda vale tanto como la carta.

Tres comprobaciones antes de entregarla

  • Lee la carta en voz alta. Si hay alguna frase que nunca dirías hablando, cámbiala por lo que sí dirías.
  • Busca un detalle que solo ella reconozca. Si no lo hay, la carta todavía sirve para cualquier madre. Añade uno.
  • Comprueba cómo la va a leer. ¿Usa lentes? ¿Abre los links que le mandan? Quizá lo mejor sea letra grande en papel, o leérsela por teléfono.

Si además quieres sorprenderla

Si le gusta ver fotos y maneja bien el celular, puedes convertir una de estas cartas en una dedicatoria en 3D que abre con un link. Mil Farolitos lleva cada foto en un farolito con su propio deseo, una idea bonita para repasar varias épocas de su vida. Escrito en el Cielo convierte las fotos en postales y termina con tu palabra escrita con humo al amanecer. Para otras ideas, puedes ver las dedicatorias del Día de la Madre. Y si al final decides dársela en papel, doblada y escrita a mano, también vas bien.

Dilo con una dedicatoria

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